Es difícil decir que uno está en contra de una consulta a la ciudadanía. Es más, es casi imposible construir argumentos que no caigan en la retorica y el facilismo argumental para explicar las razones por las que uno no puede avalar la consulta del próximo fin de semana. Sin embargo algo está profundamente mal en este ejercicio, al menos en su versión chilanga. El problema de esta consulta es que ya está decidida, ya está definida, ya están los resultados y sólo falta hacer la pantomima del próximo domingo para hacerlos públicos. Si gusta se los adelanto, espero no arruinarle la sorpresa, pero el 91 por ciento dirá que NO a las dos preguntas y un 9 por ciento se repartirá entre el SÍ y nulos y esas cosas. Digo esto porque se ha vuelto evidente que esta es una consulta del jefe de gobierno a su partido. Saldrán con obligación muchas de las personas que reciben apoyos y estímulos gubernamentales o delegacionales, saldrán 'organizadamente' las estructuras políticas de las diferentes corrientes perredistas, y saldrán otros grupos corporativos que están vinculados con ellos – a saber, los Panteras, los Panchos Villas, y otras de esas bellezas clientelares- a votar por la opción que más a modo le quedaba a Ebrard. En medio de la campaña lopezobradorista por la 'NO privatización del petróleo' les resulto curiosamente conveniente que su opción es el no. Pero no sólo eso, sus dos opciones son por el NO, demostrando la parcialidad en la construcción del cuestionario y tirando por tierra el pequeño momento que tuvieron los organizadores de realmente darle un golpe a sus detractores y hacer – de última- una consulta mínimamente imparcial. Pero no. Es la consulta de Marcelo, con el dinero de nuestros impuestos, con los funcionarios públicos metidos de cabeza, con una agenda política innegable y con una utilidad social nula. El evento del domingo entrante no nos servirá de nada. No dará resultados que amplíen la reflexión o el debate sobre estos temas, y tampoco dará un necesitado espacio de expresión a una ciudadanía que, con toda legitimidad, se siente excluida de este debate y sin espacios de expresión. Esta consulta terminará siendo un espectáculo de acarreo y movilización, una demostración de un pensamiento unidimensional y un pobre ejercicio de apertura. Pero además, como es ya sabido y está demostrado, esta consulta no debería ser del Instituto Electoral del DF ni del Gobierno del DF. Esta consulta, en todo caso, debiese ser promovida, organizada y pagada por los partidos políticos que la quieren hacer. La realidad es que el lunes 28 de julio tendremos la confirmación de una simulación democrática, de esas que ya no debiésemos permitir en nuestro país. Pero si usted quiere asistir para ser escuchado en algún lado, si usted debe asistir por un compromiso inaplazable, permítame darle un par de recomendaciones –con todo el respeto que me merece-. En primer lugar lea con atención las preguntas. Verá que en la primera ser unifican temas en los que YA hay participación de privados así que decir que no sería tanto como negar la realidad. En la segunda pregunta se conviene al participante a decir si está de acuerdo o no con que se aprueben las iniciativas que están en el legislativo sobre este tema. Las iniciativas son variadas y sobre muchos temas. Pero lo que parece imposible es decir que no queremos que se transforme Pemex, que creemos que la corrupción y el abuso del cual ha sido objeto por tanto tiempo nos parece sostenible. Nuestra industria petrolera necesita renovarse, necesita volverse competitiva, necesita deshacerse de una relación perversa con su sindicato y con sus directivos. Decir que no a esta pregunta es tanto como quedarse en el ostracismo, en la visión de hace mucho tiempos, en los tiempos del PRI, en los tiempos a los que ya no queremos volver. El verdadero truco está en que, si uno pone toda la atención en lo que se ha propuesto y lo que se pregunta, nunca se plantea la privatización. Ni en las iniciativas, ni en el cuestionario. Decir que sí, no es decirle sí a la privatización, es decirle sí al futuro. Nadie, ni derecha, ni izquierda, ni Pemex, ni nadie, quiere privatizar nuestro petróleo. A nadie conviene. Es asi de fácil, y es así de absurda la consulta.
Hace unos pocos días entró en vigor la portabilidad numérica en materia telefónica. Oseáse, el supuesto de que uno puede llevarse su número de celular a la empresa que uno desee. Esto podría significar para los usuarios un mejor servicio a un mejor precio, ya que al ser dueños de su número podrían elegir libremente compañías, terminar de tajo con el secuestro que hemos vivido por aquello de que "es que este número ya lo tiene todo mundo". Sin embargo, las telefónicas, tanto fijas como móviles, se han enfrentado a fallas técnicas que no han permitido migrar las líneas con éxito, y más de la mitad de los estados presentan problemas y deficiencias. Las diferentes plataformas tecnológicas entre una compañía y otra han retardado el proceso y han hecho de esta posibilidad una opción poco viable, al menos por el momento. La portabilidad hace al usuario libre para elegir, sin embargo, Telcel encontró la manera de hacer al usuario prisionero de sus planes tarifarios con la llegada del esperado iPhone. La compañía consiguió la exclusiva para comercializar el aparato, que ahora está disponible en planes que van de los 500 a los 700 pesos mensuales con contratos mínimos de 24 meses, en los que además el contratante tiene que pagar parte del costo del equipo. De este modo el consumidor no tendrá opción de cambiar de compañía por los próximos dos años. Por varias razones, esta resolución, que representa la posibilidad de un mejor servicio, está muy lejos de funcionar como debiera; mientras esto no mejore, los usuarios seguiremos siendo víctimas del abuso del oligopolio telefónico.
El secuestro continúa, pero ahora por la vía de la moda.
Con un sincero agradecimiento a Tatiana, por su ayuda Mientras nuestra clase política se revuelve alrededor de los temas de espionaje y sistemas de inteligencia que existen en el Cisen, todos parecen haber olvidado el verdadero sentido -el práctico- de los recursos de inteligencia, información y seguimiento. En los hechos, la inteligencia debe ser usada para anticipar, y por tanto prevenir, los problemas naturales de las operaciones y acciones de las fuerzas de seguridad en el país. Esto debería significar que en el operativo del News Divine, con todas sus carencias, pudieron haber daños menores, o más controlables, de haber existido un ejercicio de inteligencia e investigación serio, profundo, meticuloso y detallado. Una de las grandes carencias en el infame operativo fue la falta de información y, por tanto, la severa disminución de la capacidad para tomar decisiones mínimamente sensatas, útiles o distensoras de la circunstancia. Por el contrario, todas las decisiones que se tomaron estuvieron fundadas en poca o mala información y en temores infundados. El resultado es tan terrible que ha desatado la caída misma del que fuera el secretario de Seguridad Pública y del procurador de justicia de la ciudad. Las lecciones en esta historia son múltiples, sin embargo, la que debe aprender de inmediato la ciudad y la clase política en su conjunto es que las herramientas de intervención, investigación y seguimiento son para usarse con la delincuencia organizada y no para fomentar escándalos políticos. Nuestros sistemas de seguridad deben encaminarse a la construcción de certezas y de seguridad pública, no política. Es deseable que nuestra clase gobernante aprenda a reconocer que la primera necesidad que se debe atender es la de un entorno seguro para el desarrollo de la sociedad. Suponer que es más importante, o relevante, centrarse en la batalla interminable entre las dirigencias partidistas, o las personalidades públicas, es un profundo acto de irresponsabilidad con el país. Es prioritario fomentar una visión diferente del quehacer de inteligencia en nuestro país, una visión progresista debe fomentar el uso de los aparatos de seguridad para remediar las crisis antes de su estallido, a acercar a las instituciones a las problemáticas comunitarias, sociales, pero no para convertirse en un brazo de represión, de violencia soterrada o de desapariciones políticas. Esos tiempos, por suerte, ya los hemos superado.
Ambos países, cada uno a su estilo, entran a una nueva etapa de su vida política y social. Colombia tiene ahora a la más relevante, legítima y cabal enemiga de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, las FARC: Ingrid Betancourt. La ex candidata presidencial llevaba seis años en cautiverio y no parece tener ninguno de los peculiares síntomas –identificados con el síndrome de Estocolmo o la fiebre chavista- que las anteriores liberadas tenían.
La diferencia sustancial entre Clara Rojas e Ingrid es que la segunda salió convencida de que no hay justificación alguna para sus seis años de cautiverio y mucho menos para una desideologizada y extraviada guerrilla que aun cuando intenta seducir a cuanto joven latinoamericano le cruza su camino, no parece ofrecer ningún tipo de opción al régimen conservador pero democrático de Colombia. Rojas, por el contrario, manifestaba sentimientos encontrados y rechazo importante hacia la ruta que su gobierno había tomado, viéndose más alineada con Hugo Chávez, el ‘facilitacor’ de su liberación.
Ingrid emergió a denunciar la crueldad y horror de su secuestro, a contribuir en la lucha contra las FARC y a hacer política, a jugar su papel, a utilizar su autoridad moral contra aquellos que considera se han equivocado de ruta.
Sin tapujos ofreció –incluso con algo de imprudencia- su conocimiento para apoyar al ejército nacional en su guerra con los otrora seguidores de Tiro Fijo. Luego se lanzó contra la vía armada como forma de transformación social y política y sentenció, sin decirlo por completo, su futuro a la lucha sin cuartel por la liberación de los aún secuestrados –varios cientos-.
Las FARC encontrarán en Ingrid a una voz pocas veces callará, una autoridad que hacía tiempo no enfrentaban y una adversaria que podría ser formidable en la construcción de un acuerdo nacional en Colombia, que se encamine hacia el final de los movimientos armados como se conocen hoy. Esta sencilla posibilidad debe tener en estado de máxima alerta a la guerrilla y a sus máximos dirigentes, dirección que está ya cada día más menguada por la muerte, la deserción y el fastidio de la inmovilidad.
Y es que ahí reside el mayor defecto de la guerrilla colombiana: no se mueve. No avanza, no retrocede, no negocia, no propone, no parece servir de mucho. Estar años en la insurrección militar para terminar siendo monopolio de tráfico y producción de drogas no parece ser el objetivo genial y justo que venden al que escuche. Más allá de las desigualdades, la pobreza y los inmensos abusos que dieron origen a este movimiento, hoy no parecen haber avanzado más que lo que un régimen democrático podría haber avanzado en ese tiempo. Hoy no parece que las FARC sirvan de mucho e Ingrid pudiese convertirse en el factor que catalice a una sociedad a su cohesión contra la violencia y la guerra, pudiese ser que este rescate se convierta en el inicio de un proceso de desgrane de las fuerzas armadas en rebeldía.
Colombia, si entiende y aprovecha esta oportunidad, podría estar iniciando una nueva etapa en su vida política y social. En democracia los reclamos legítimos de los movimientos armados debiesen de encontrar cauces para su atención y solución. No nos engañemos, por muy extraviados que estén los guerrilleros, hay causas reales de furia en la población que deben ser escuchadas.
En México, con mucho menos relevancia social, con mucho menos estruendo internacional y con mucho ruido mediático, la Suprema Corte de Justicia declaró inconstitucional el mecanismo por medio del cual los partidos ‘emergentes’ podrían obtener hasta uno por ciento de otro partido para alcanzar su registro y mantenerse en el sistema político. Y lo hizo en el momento justo para impedir cualquier modificación adicional a la ley, es decir, palo dado…
El fallo no es correcto, es correctísimo. En primer lugar porque la sola idea de un partido le ‘regale’ votos a otro es absurdo y en segundo por que obliga a una revisión de la idea que los partidos tienen de lo que es una alianza o coalición. Creen que es un problema de votos y dinero.
Nunca me pareció atinado el esquema anterior en el cual los partidos negociaban dinero por supervivencia en el sistema, pero salió peor el remedio.
Remedio que era parte de las muchas confusiones que la reforma electoral ha construido y parte de un error central en el diseño del nuevo régimen electoral: este era el momento para abrir el sistema a muchas visiones, no para cerrarlo entre los de siempre.
Contrario a lo que muchos medios dicen y muchas voces claman, reducir la cantidad de partidos no mejora al sistema, ni lo hace más barato, ni lo hace más sano. Por el contrario lo vuelve unidimensional, monopólico y sustancialmente distinto a la sociedad que es, cada día, más amplia, diversa y plural.
Claro que deben existir formas para que los partidos se alíen, pero deben ser formas que los unan en lo programático, en su agenda política, en sus compromisos de transformación social. No en un toma y daca de dineros y apoyos.
La vida eterna estaba tan equivocada como la idea de tener un sistema político entre los tres tradicionales y mediocres partidos de siempre.
Mucha información va y viene sobre los trágicos y absurdos acontecimientos del antro News Divine en el DF.
Lo que queda de manifiesto es que en esta ciudad, como en muchas partes del país, las fuerzas policíacas tienen mecanismos de toma de decisión que son poco eficientes y que, ante las desgracias, simplemente priva el caos.
Le tomó horas al propio gobierno entender que había pasado y por qué. Y por tanto la capacidad de reacción se va viendo limitada al punto de volverse inexistente.
Los excesos policíacos son inaceptables en una democracia, inaceptables en un régimen de derechos y de libertades. Pero parte de las razones de estos excesos también se explica en la demencia de las presiones de los ‘jefes’ para tener resultados.
El jefe de la policía necesita poder vender resultados, el crimen organizado ha aparecido en la ciudad, los delitos se han incrementado en –al menos- 14 por ciento y los giros negros han proliferado gracias a una corrupción rampante en las diversas autoridades locales y federales. Para obtener resultados ha decidido presionar, empujar y forzar a que sus elementos produzcan resultados. No necesariamente que los obtengan, más bien que los produzcan.
Y mientras escucho a una autoridad decir que la responsabilidad es de otra autoridad, y veo a unos policías ser culpados por otros, y todos en conjunto evadir su responsabilidad social, mientras todo eso pasa, 12 familias lloran a sus muertos sin lograr entender quién demonios pensó que bloquear la salida era una buena idea.
Las mentiras y la corrupción tiene un alto precio cuando se actúa en la aplicación de la ley en la calle: el precio es la muerte.
Pero el jefe de gobierno tendría que aprovechar esta enorme tragedia para replantearse el funcionamiento de sus policías y reestructurar las fuerzas del orden de esta urbe. Esta ciudad es vigilada por más de ochenta mil efectivos y aún así están disgregados, incomunicados y poco capacitados.
Después del luto y de las consignaciones penales, es tiempo de aprender.
Nunca más el abuso, la violencia, la mentira y la ineptitud deben dejar tantas muertes a su paso.
El cardenal de Guadalajara, Juan Sandoval Iñiguez, acaba de solicitar a la fundación encargada de construir el polémico templo católico, que regrese al erario público los primeros treinta de 90 millones que el gobernador de Jalisco, Emilio González, había prometido donar a su congregación religiosa.
Este movimiento viene como resultado de una intensa y valiente campaña que desde la sociedad se gestó reprochando que se violente el comportamiento laico que debe tener un gobierno y se incline por una religión. Supongo que el cardenal empezó a sentir lo duro y lo tupido de los cuestionamientos y, como al final del día treinta millones para la iglesia no es nada, pues los regresó.
Esto debió haber hecho el cardenal desde el primer día, pues el cinismo con el que se atrevieron a recibir dinero publico –de todas y todos los ciudadanos jaliscienses y no todos católicos- fue descomunal. Casi tan grande fue ese cinismo como el del gobernador que se los dio y se mantuvo ante una obvia y legitima lluvia de cuestionamientos.
Ambos personajes merecen una severa critica pública, pero además deben reconocer que este tipo de hechos son inaceptables y que es hora de que tanto los funcionarios como los lideres religiosos entiendan que no pueden existir una relación por fuera de lo legal entre ambos y que las filias–también las fobias- de los servidores públicos hacia los cultos diversos.
Pero las relaciones perversas no sólo se dan entre los funcionarios conservadores y los grupos religiosos. Es también un hábito ver a representantes del ejecutivo financiar grupos de choque para avanzar sus posiciones, como es ya sabido en lugares como Chiapas y Oaxaca. En donde los fondos para organizar y sostener grupos que actúan en función a los intereses particulares de los gobernantes provienen de las arcas de la nación. Estas actitudes también deben ser fiscalizadas por la sociedad y condenadas cuando aparezcan.
Pero la lista no termina ahí. Tenemos cientos de funcionarios que apoyan de una u otra forma a sus grupos políticos, a sus partidos, a sus gobiernos legítimos, a sus movilizaciones. Se ha convertido en algo ‘natural’ que en una delegación gobernada por el PAN a ese partido le atiendan con más velocidad su demanda, sus gestiones y otros actos que les resultan en beneficios. Lo mismo, obviamente, sucede en municipios priistas, perredistas –con la salvedad que en el PRD también depende de la corriente a la que se pertenece- y de cualquier otro partido: se beneficia a grupos políticos específicos.
Más grave aún es cuando un gobierno decide financiar movimientos que actúan contra otros poderes o versus grupos políticos distintos. Es increíble ver como el gobierno de Marcelo Ebrard se permite financiar movimientos de resistencia civil, apoyar movilizaciones y financiar estructuras políticas que están en una campaña contra el gobierno federal y que, más allá de todo, no son del necesario agrado del total de la población capitalina.
Por eso es que se vuelve irónico cuando se es tan demócrata en algunas cosas –hay que ver como se envuelven en la bandera de la democracia cuando hablan de la consulta sobre PEMEX- y como se les olvidan esos argumentos cuando se trata de temas de la ciudad, consultas sobre si los capitalinos quieren o no financiar al aliado político del jefe de gobierno. Este abuso de la retórica se acerca peligrosamente a lo que hacen Hugo Chávez y Evo Morales, en Venezuela y Bolivia, respectivamente. Juzgan a los adversarios con una áspera y alta vara y se conceden a sí mismos y a sus cercanos, los suaves juicios de un pétalo.
Entre ellos todo el candor y la comprensión, a los adversarios –aun cuando no sean de derecha- todo el rigor y rijosidad.
Ese es uno de los grandes problemas de nuestro país. La gente se da lujos que son o poco éticos o directamente ilegales. Se permiten consultar sobre lo que hace el otro, y nunca preguntan como van ellos.
El fondo de esto es que los gobiernos en México, por desgracia, no han terminado de entender que cuando se llega al poder, se gobierna para toda la sociedad. No para unos cuantos, no para unos intereses, se gobierna para todos. Ese principio aun no termina de ser una realidad en todos los frentes nacionales. Desde ahí empieza la apatía, la furia y el desprecio de la ciudadanía hacia los gobiernos y sus integrantes.
Cuando nuestra clase política entienda que hay que atender tan talentosa y apresuradamente las peticiones de un ciudadano como se atienden las de un aliado, cuando entiendan que hay que tratar tan democráticamente a un adversario como a alguien de su mismo partido y que hay que detener cualquier menoscabo a las instituciones aun cuando estén en manos de aquellos que piensan diferente a uno mismo. En ese momento tendremos una clase política capaz de reconciliarse con la ciudadanía. Antes no.
Marcelo Ebrard lo inició sin ninguna claridad legal, y ahora el PRD retoma la propuesta con toda celeridad y entusiasmo: van por una 'consulta' ciudadana sobre la reforma a PEMEX. Esta consulta se dará en las neutrales y asépticas circunstancias de tener al ex candidato presidencial, Andrés Manuel López Obrador, en una campaña en la que asegura se quiere privatizar la industria petrolera, en la que grita que él detuvo la maniobra en la que se aprobaría una ley maléfica que nos dejaría sin todas las bondades de la corrupción y ineficacia actual. Con unos debates que empezaron por la democrática vía de una toma de tribuna y que no han concluido, los que quieren impedir el avance de una votación se atrincheran. Es más, esta propuesta de consulta fue lanzada por el jefe de gobierno en una maniobra para detener los diálogos que el actual presidente nacional del PRD empezó a sostener con algunas fuerzas políticas sobre este tema. Ante el dialogo, diría Ebrard, albazo. Y así lo hizo. Sin pudor legal, ni político lanzó una consulta que se haría el 27 de julio, que la organizaría el Instituto Electoral del Distrito Federal y que preguntaría, evidentemente, lo que a su grupo político le convenga, pero que en el marco de las campañas políticas han dejado, es difícil que al gente sienta seguridad frente a una reforma que los radicales en el PRD han atacado tan vehementemente y que los panistas han defendido con tanta pobreza y con tan poca visión de país. La consulta que plantea el ejecutivo local es difícil legalmente pues, por razones bastante obvias, la ley indica que el referéndum y la consulta en el DF se podrán realizar sobre la base de un acto de gobierno local o una ley local. No sobre lo que tenga en la agenda el jefe de gobierno. Valdría mucho más la pena saber cómo esta viviendo la ciudad el desaforado crecimiento de la inseguridad, al punto que hasta el gobierno reconoce un incremento delictivo del 14 por ciento. Si eso reconocen, podemos imaginar la cifra real. Pero no. En este país de fantasía, el jefe de gobierno pide consultas a modo, sobre temas en los que su líder político lleva meses en campaña y omite cualquier tema sobre su gobierno y su gestión. A las mujeres y hombres de esta ciudad nos consulta sólo lo que le tiene utilidad y rédito, no lo que debería consultar. La estrategia del grupo cercano a López Obrador es sencilla. Han preparado el estado de ánimo para obligar a una consulta en una ambiente desfavorable para esa consulta y detener –o elevar diametralmente el costo- de quién lo pudiese aprobar. No esta en su deseo, intención, construir una buena y útil reforma electoral. Es más ni siquiera tienen una propuesta seria de reforme energética. Su única lógica es detener esta y obtener toda la 'raja' política del asunto. No hay debate sobre PEMEX, no hay profundidad de pensamiento, no hay una propuesta suya sobre el futuro energético. A diferencia de Cuauhtémoc Cárdenas, cuyas criticas calan hondo en el debate sobre esta reforma, las de López Obrador y Ebrard son simples chisguetes de retórica, envueltos en si idea de la 'voluntad popular'. Pero con una efectividad incuestionable, han logrado colocar esa duda, esa sensación de que algo anda raro. La realidad es que en el ambiente nacional hay una reforma en la mesa y pocos saben, a ciencia cierta si hay o no mano negra en ella. Los mexicanos tendemos a suponer que la clase política siempre nos juega mal, así que si alguien nos dice que acá hay gato encerrado, pues, entonces, seguramente lo hay. Los encargados de contrapesar a estos que siembran la duda son tímidos, lentos y están en extremo silenciosos. Cómo si ese silencio fuera a lograr que este tema y esta situación fuesen a terminar más rápido con su pesadilla. Los panistas responden mucho pero rara vez con talento, y fuera de dos o tres puntadas de su presidente nacional, Germán Martínez, los legisladores poco han logrado. Los priistas en están en una política de flotación y no se meten en honduras, seguramente saldrán bien librados, una vez más. Frente a esto habrá que mantener varias cosas en el radar. La primera es la ofensiva de Marcelo Ebrard sobre la Asamblea Legislativa del DF, donde busca revertir su minoría de tres años y controlar la renovación del IEDF. Su primer golpe fue la destitución de Jorge Díaz Cuervo, del PSD, como coordinador socialdemócrata con una mayoría construida con coerción, chantaje, dinero y debilidad intelectual de los involucrados. Con ello dio la vuelta a los momios sobre el sentido de la renovación en el instituto electoral. Pronto irá tras sus propios correligionarios y desde la excusa de su consulta tratará de construir un órgano electoral local disciplinado a sus aspiraciones presidenciales del 2012 y la necesaria aduana del 2009. Para Marcelo la consulta sobre PEMEX se vuelve fundamental en su posicionamiento mediático nacional, en su control de los 'dialoguistas' en su partido y en su ofensiva contra sus opositores. Además es pieza central en la estrategia de inmovilidad y polarización que Andrés Manuel necesita. La consulta, pues, es la gran alianza entre López Obrador y Ebrard. En esa alianza estrategica, el DF y el resto del país les tenemos sin cuidado.
Hace algunas semanas escribí sobre la importancia del famoso súper martes. Aseguraba yo que el o la que ganara el proceso de ese martes sería el ganador del proceso interno. En esa ocasión triunfó McCain y se generó una suerte de empate entre Barak Obama y Clinton. Siempre aseguré que Hillary es —era— una mejor candidata. Pero fallé. Todos mis pronósticos sobre el éxito de Clinton parecen haber hecho agua, inclusive su estrategia final para cambiar las reglas sobre el proceso interno. Clinton quería, y tal vez quiere, cambiar de la lógica de delegados por estado a votos totales. Es evidente que sabe que para el final de esta carrera tendrá menos delegados, pero más votos nominales que su adversario y sabe el rédito que puede obtener de esa realidad política. En el partido demócrata habría ganado no quien más votos tuvo, sino quien mas delegados consiguió. Un complejo mensaje para los demócratas ávidos de mejor y más democracia. En el fondo la discusión entre los demócratas no es quién es más popular entre ellos mismos, sino quién puede vencer a los republicanos, a John McCain para ser exactos. Y es en esa discusión que la brújula parece estar extraviada. Si bien es notorio que los demócratas parecen haber decidido que el discurso de Obama tiene más profundidad y posibilidad de éxito, y se inclinan más por él, en realidad lo que parece estar aconteciendo es una rebelión demócrata por el relevo generacional y el final de una historia a la cabeza del partido demócrata. Una historia cercana a más poderes fácticos de los que están permitidos políticamente por los demócratas. La rebelión contra los Clinton es, de fondo, una rebelión contra una manera de hacer las cosas, por una serie de concesiones programáticas e ideológicas que la base demócrata ya no esta dispuesta a aceptar. La fuerza de la campaña de Obama esta directamente vinculada con el rechazo que genera la forma de hacer política de los Clinton en tiempos de guerra. En tiempos de migración, en tiempos de recesión económica. Los demócratas quieren más convicción, menos conciliación, más definición y menos conciliación. Los demócratas quieren sentirse con más sentido y pertenencia de lo que se han sentido. Quieren romper con sus viejas maneras de ver la política, de entender el entendimiento mismo y replantearse la ruta de construcción de país. Obama en eso satisface mucho más sus necesidades que Hillary. Curiosamente para el resto del mundo es distinto. Para nosotros, los radicalismos abonan mas a la guerra que las rutas de dialogo. Con la familia Bush, el mundo ha vivido sometido por el mercado de las armas, del petróleo y de la guerra. Hemos sido victimas, pasivas o no, de un Estado de terror estadunidense. Un Estado que privilegia, ante todo, a la guerra, a la violencia. Con Obama eso puede cambiar, pero con Hillary seguramente será. Esa es la única certeza que tenemos todas y todos los que no estamos allá. Hillary significa, sin lugar a dudas, un cambio en la política exterior, una renuncia a la visión tradicional de encarar los conflictos. Hillary Clinton, sin embargo, no parece haber logrado una mayoría entre los demócratas, pero no hay que engañarse, tampoco Obama. Hoy la diferencia es tan mínima que podría hacer a cualquiera de los dos palidecer. Pero Obama está de moda, esta recaudando, Hillary se endeuda. Hillary gana estados y se queda sin dinero. Obama los pierde y recauda más que la semana anterior. Pero al final, para nosotros el debate no es si Hillary es mejor que Obama o no, el debate es quién puede detener a otra maquinaria de guerra republicana. Quien puede poner las cosas en su justa dimensión. Yo estoy convencido de que es Hillary, pero si los demócratas decidiesen que es Obama, ojalá tengan razón. Pero lo que parece no tener solución es el proceso de rebelión contra los Clinton y una generación demócrata que está al borde de su extinción con la derrota de Hillary.
A Olivier Debroise, lúcido curador e historiador, descansa en paz
Hace un par de semanas narrábamos cómo una empresa ofrecía paquetes para "atender" preferencias sexuales distintas y "corregirlas". Recibí comentarios electrónicos tanto a mi buzón como en el blog asegurándome que, en efecto, la homosexualidad es una enfermedad. Los gays están enfermos —aseguraba un anónimo— mientras otros proferían comentarios que empezaban descalificando argumentos y terminaban vociferando su repudio a todo lo "gay". La escena se repitió. En una peligrosa mezcla de ignorancia e intolerancia fui testigo de cómo se construye la posibilidad de que se cometan, al menos en el discurso, crímenes de odio. Se puede ver como los argumentos se van diluyendo y dan paso a los prejuicios, las visiones conservadoras, las fobias y en particular a la homofobia. Tengo también que reconocer a todas las personas que entraron a un buen debate y revisaron sus posturas y las enfrentaron con las de los demás. Sin embargo es evidente que algo está fuera de foco cuando el tema de las preferencias sexuales de los demás nos despiertan tanta descomposición y malestar. El día de ayer se realizó una movilización en el marco del Día Nacional de la Lucha contra la Homofobia. En el centro de esa movilización está el debate para lograr colocar a los crímenes de odio en la esfera legal que permita generar un tratamiento distinto a estos actos de violencia, que permita al Estado avanzar en la transformación de esos prejuicios con campañas y estrategias educativas. Suponer que la homosexualidad es una enfermedad - cosa que la Organización Mundial de la Salud dejó de hacer hace años- que tiene solución y que es producto de "problemas" es la primera parte del problema. Mientras sea considerado como una situación producto de desviaciones, la sociedad tendrá dificultades en lograr una tranquila y saludable convivencia. El odio tiene, como una de sus principales semillas, la diferencia. En los esquemas más primitivos los diferentes son riesgos que deben ser alejados o exterminados. Hoy el mundo ha empezado a avanzar en una ruta diferente, a evolucionar en su forma de entender la diferencia, es más en algunos espacios sociales la diferencia ya es considerada motivo de enriquecimiento y aprendizaje. Por desgracia ahí no está la mayoría. Ese es el reto. Para ello se aprobó un día nacional, para generar información, entendimiento, profundizar la conciencia, mitigar los prejuicios. Las efemérides catalizan procesos, movilizan a sectores y permiten ir cambiando tendencias y distorsiones en la sociedad. La homofobia y los crímenes que de ella emanan tienen que adquirir una dimensión de prioridad nacional, en estos detalles en los que se va construyendo una sociedad de libertades, de oportunidades reales, una sociedad que potencia a sus individuos y no que los enjuicia, cataloga y margina. En una sociedad con libertades efectivas, el desarrollo se destapa y permite tener movimientos culturales, económicos más potentes. Colocar a los crímenes de odio -sean por homofobia, racismo, religión, o cualquier otra diferencia- en la condena pública y como una postura de Estado ayudará, sin duda a que como sociedad estemos un poco más cerca de lo que aspiramos y más lejos de lo que hoy somos. No se trata de callar a los que piensan distinto, se trata de permitirnos una vida en la que mis juicios y opiniones sobre la vida de los demás se circunscriba a eso: una opinión. Entiendo así el llamado que Ilán A. Goldfeder me hace en el blog, en el que reconozco una capacidad de convivencia con otras ideas, aun cuando no las comparte "(Los que creen que es una enfermedad) hacen explícito que creen que se debe más a factores socio-culturales que biológicos y así puede llegarse a ver más como una 'decisión' (muy entrecomillado)". Y continua, "Sabemos que la sexualidad es uno de los fenómenos más complejos de la vida en general, es difícil restringirnos. Así no encuentro motivos para oponerme a que exista la posibilidad de que haya terapias para personas que no estén a gusto con su 'faceta' homosexual". Y remata "ellos tienen todo el derecho a vivir en la Edad Media o en la época que más les agrade... siempre que haya un justo equilibrio entre su libertad y la del resto de las personas". Lo inaceptable es cuando esas diferencias se convierte en excusas para maltratar, violentar, inclusive para cometer crímenes de odio.
La historia contemporánea de nuestro país esta repleta de momentos en los que el Estado mexicano ha respondido con violencia y autoritarismo contra organizaciones y movimientos sociales que, con legitimidad, manifestaban su rechazo a políticas públicas, inequidad, injusticia y abandono. No hay más que pasar por Neza, por la Huasteca –cualquiera de ellas–, la zona de la Cañada en Chiapas, el área metropolitana de Tampico, los barriales de Tijuana, para entender de dónde la indignación, la desesperación y la desesperanza nutren a un amplio sector social. Me cuesta trabajo, hoy en día, compartir los métodos antidemocráticos y extra parlamentarios con los que algunos grupos manifiestan sus inconformidades. Me parece que desde la democracia no se puede creer en la violencia, ni en las armas, como formas de lucha. Pero no promovamos la ceguera, esas formas de lucha ahí están y no es con el olvido, el silencio y las acciones clandestinas como se resolverán los problemas que se originan frente a la desigualdad en nuestro país. El diálogo es la puerta de acceso a la paz. En democracia, la paz se construye con diálogo, reconocimiento, atención y voluntad. Ningún gobierno que se considere democrático, debe escatimar esfuerzos que propicien la ruta de la negociación. Por ello, el Gobierno Federal y el EPR deben aceptar sin condiciones ni adjetivos, entablar un espacio de comunicación y entendimiento que contenga todas las garantías y condiciones mínimas de respeto y reconocimiento mutuos. Desde esta mesa podrían empezar a subsanar algunos pendientes históricos de nuestra democracia con este grupo. No hacerlo, por cualquiera de las partes, implicaría desconocer los errores del pasado. Para lograr la utopía del diálogo, el EPR debe comprometerse al cese definitivo de acciones violentas en la medida que el Estado abra los espacios necesarios para el debate, la toma de acuerdos y su efectivo cumplimiento. La Segob debe garantizar que se puede dialogar con ella y que tiene sentido hacerlo. El Gobierno Federal dijo que “la paz es tarea de todos, de todos es la responsabilidad de hacer valer el Estado de Derecho”. Por esa razón, es que no puede ser el único interlocutor en un tema cuya naturaleza exige diversidad y pluralidad de pensamientos para arribar a una ruta mínima de solución. Para lograr su mínimo cumplimiento, la interlocución con el EPR debe darse de cara a la ciudadanía y en el marco de un debate de Estado que convoque a la sociedad, y de las certezas básicas a todas las partes. Cuando los acuerdos son públicos, es evidente quién los violenta o rompe. Las posibilidades que se abren ante el hecho que ambas partes se proveen al reconocerse, debería ser un claro indicio de cómo los nuevos tiempos se empiezan a imponer, aunque sea tímidamente, a las formas tradicionales de hacer política, o de dirimirse con la disidencia. El gobierno federal ha reconocido la relevancia del EPR y la necesidad de dialogar con ellos, el EPR advierte la existencia de su adversario y su disposición a reconocerlo en una mesa de diálogo. Esas, por sí mismas, son buenas noticias. El diálogo es el punto de partida hacia la solución de conflictos por la vía institucional, pero de ninguna manera debe ser el objetivo final de las partes involucradas. Debemos avanzar en el fortalecimiento de las instituciones y en el perfeccionamiento de un Estado de Derecho justo y con una visión preponderantemente social. Nuestro país ha sometido en la pobreza y la escasez de oportunidades a millones de mujeres y hombres. Sumidos en la infamia de la ausencia de derechos y de plenitud de ciudadanía, un segmento social necesita saber que la democracia sirve para todos los efectos. Que permite generar oportunidades ahí donde no las ha habido, que abre nuevas puertas de desarrollo y que arroja una tenue, pero cierta, luz al final del túnel del abandono público. El final de ese túnel sólo tiene una manera de alcanzarse: terminar con la pobreza, la injusticia y la inequidad. Cuando México sea diferente podremos dar por saldada la deuda con la sociedad que, con razón o no, se moviliza para transformar su realidad cotidiana.
Agradezco a María Luisa Rubio y Eric Uribares su contribución para este texto.
“No suelo hablar así, no es la educación que recibí, no es el ejemplo que quiero dejar a mis hijos.” Dijo el sociopata después de habernos recetado por lo menos una buena mentada de madre y habernos confirmado que le importa madres nuestra opinión sobre sus donaciones de dinero público a la jerarquía católica. Presentando a ustedes al flamante gobernador de Jalisco, Emilio González Márquez.
Confieso que nunca he creído en la limosna, ni en la caridad. Siento que son una vía rápida para mitigar las culpas que este país nos hace enfrentar cotidianamente. Con su pobreza, con su desigualdad, con su miseria, con su abismal distancia entre unos y otros, esta se vuelve una manera de resolver algo que tomará años y sacrificios reales para resolverse: la desigualdad.
Sin embargo me parece que es una decisión absolutamente legítima e individual hacer con su dinero lo que a la gente le plazca. Si hay gente que decide donar mucho o poco de su dinero a causas especificas en las que cree, debe poder hacerlo y ser respetada en esa decisión. La gente dona a la infancia, albergues, programas de alimentación, a sus iglesias, escuelas, etcétera, hay miles de instituciones y programas de que se sostienen de la generosidad ajena. Algunas tienden a ser una estafa, como el redondeo, otras son realmente útiles para ayudar a personas. Pero lo importante de todas esas donaciones es que cada quien dona SU dinero. No el del vecino, o de la esposa, o del amigo rico.
Esa idea, tan elemental, es la que el desquiciado gobernador no termina de asimilar. Él no puede donar dinero a su iglesia que no es suyo, que es del erario público, de la gente. Es gobernador, no patrón; es un funcionario público, no un patriarca.
Hay varias cosas que valorar sobre esto. En primer lugar hay que saber que en la sociedad mexicana, y en la jalisciense también, hay una cosa que se llama libertad de culto. Es decir que, aunque el gobernador lo ignore, entre sus gobernados hay judíos, ateos, musulmanes, protestantes, hindúes y otras tantas convicciones de culto. Y todos ellos pagan impuestos. Impuestos que este caballero en su perfecta lógica de kinder uno, dona a una sola iglesia. Eso es, para cualquier efecto, una falta de respeto para con sus gobernados. Cosa que, resulta evidente, le tiene sin cuidado.
En segundo lugar tenemos en México un detallito en nuestra constitución que se llama ‘estado laico’. La laicidad bien entendida busca garantizar el precepto previo, es decir, la libertad de las mujeres y hombres de nuestra sociedad a vivir con libertad y respeto sus creencias religiosas, cualesquiera que fuesen. Para ello, el estado tiene que apartarse de los dogmas religiosos y guiarse por el bien común, el respeto, la tolerancia, las políticas públicas. No dice, en ninguna parte de nuestra constitución, que el gobernante puede decidir cuando ser laico y cuando no.
En tercer lugar están las prioridades de gobierno en un estado que, como en el resto del país, la pobreza y la falta de oportunidades siguen siendo una constante. Madres solteras, desnutrición, ministerios públicos sin equipo, escuelas sin mantenimiento, sueldos miserables, infraestructura deficiente. La lista de pendientes en el estado es inmensa, pero la prioridad presupuestal del gobernador piadoso sigue siendo su iglesia, no su gente.
El problema de gobernador es que ha decidido entregar a la iglesia católica una cantidad ofensiva de recursos, pero además a decidido hacer escarnio del tema. Burlarse de su gente por su mala decisión de haberlo electo.
Reportaba Crónica algunas de ‘sus’ donaciones:
90 mdp para el Santuario de los Mártires, de los cuales ya entregó 30. 67 millones para Espacio 2007, de Televisa. 3.5 millones para un festival del Juguetón (evento de Tv Azteca). 12 millones a la telenovela Las Tontas no van al cielo. Un millón de pesos a la Iglesia de Yahualica, de donde es originario el arzobispo de Guadalajara, Juan Sandoval Íñiguez. 15 mdp para el Banco Diocesano de Alimentos (Cáritas). 50 mdp a Expo Guadalajara. 102 mil pesos a la telenovela Tengo todo excepto a ti (TV Azteca). 45 mdp al Teletón (2007 y 2008, Televisa) y cierra con los 15 millones de pesos para la Asociación Mexicana de Bancos de Alimentos A.C, ligada con la Iglesia católica local.
Cerca de 285 millones de pesos ha gastado este personaje en donaciones con dinero que no es suyo y decidiendo en función a sus filias, fobias y vínculos a quién sí y a quién no les da.
Ese dinero antes de haber sido entregado a manos ajenas a las del gobierno, debió haber ido a atender las apremiantes necesidades de la gente en ese estado. A construir mejores clínicas de salud, a remodelar espacios deportivos. La situación del estado lo exige y este gobernador ha optado por hacer oídos sordos, ojos ciegos y soberbia plena de su ejercicio.
Eso no es gobernar con responsabilidad ni respeto. Ni con interés y atención a su estado. Estos son los casos en los que se requiere tener –en todos los estados y a nivel federal- una figura para la revocación de mandato. Este gobernador no debiera de gobernar más. Debería de ser despedido por sus gobernados.
Un grupo de sicólogos, terapeutas y estimuladores de la autoestima han descubierto algo que no se pensaba posible en estos tiempos: curan la homosexualidad. Y dicen textual: NARTH "is a professional, scientific organization that offers hope to those who struggle with unwanted homosexuality. (...) NARTH upholds the rights of individuals with unwanted homosexual attraction to receive effective psychological care and the right of professionals to offer that care".
Este grupo de personas han descubierto, reuniendo toda su inteligencia, talento y experiencia, que las preferencias sexuales son curables y que ellos y ellas saben como hacerlo.
Para ello han creado todo un círculo de conocimiento y tendrán el próximo primero de mayo un congreso en la ciudad de México para compartir sus descubrimientos con nosotros. Están comprometidos a ayudarnos a entender que las personas con preferencias sexuales diferentes tienen, por suerte, ¡salvación!
Este grupo de personas, casi todas bastante calificadas, son una demostración fehaciente de que el pensamiento medieval sigue vigente en nuestros tiempos. Partiendo del mismo supuesto que la iglesia en tiempos de la Inquisición, estas personas son exorcistas modernas del ‘demonio’ de la homosexualidad. Te ayudan a ‘regenerarte’, ‘reconvertirte’. Hasta alguna de ellas dicen que pueden lograr que regreses al closet.
Este grupo de notables sabios tienen, casi todos, orígenes en escuelas religiosas de diversas índoles y no ocultan su clarísima tendencia moral para atender ‘cientificamente’ la ‘enfermedad’ de la homosexualidad.
Ha tomado años de lucha contra las visiones conservadoras lograr que se erradique la idea de que las preferencias sexuales son una enfermedad y se asumiera como una condición y hasta una decisión. Todos esos años de debates, de investigación y de profundización sobre este tema quedan sepultados por un grupo de egresados del Opus Dei, de las escuelas conservadores, hasta del propio Vaticano, para construir la falacia de la curación a algo que, aun cuando ellos se rehúsen a entender, no es un problema.
El respeto irrestricto a las preferencias sexuales debe ser un valor universal, tanto como el derecho a una vida digna o igualdad de oportunidades. Atentar contra esto es inaceptable. Las visiones antiguas, anti progresistas e inquisidoras, repletas de carga de moral religiosa que distorsiona las libertades.
Grupos ultraconservadores como estos le hacen un flaco favor a la sociedad al fomentar la diferencia en lugar del entendimiento, la ‘curación’ en vez de la tolerancia, la ignorancia en lugar de la sabiduría.
El país tiene una necesidad ineludible de reformar y transformar al sector energético del país. La propuesta de reforma presentada por el Ejecutivo es un paso adelante; sin embargo se debe ver un real compromiso para subsanar sus insuficiencias.
Actualmente el funcionamiento de Petróleos Mexicanos es inoperante, por lo cual no se debe postergar la toma de decisiones de fondo en torno a su modificación, bajo un compromiso irrestricto con la defensa del espíritu del artículo 27 constitucional. Por ello, resulta imprescindible un debate abierto, sustentado y responsable sobre la situación y los desafíos de esta industria estratégica nacional.
Por esto es que resulta inaceptable la toma de la tribuna del Congreso, pues con ello se cierra la puerta del espacio natural de confluencia de los actores políticos, especialistas y de la ciudadanía interesada en el tema.
La izquierda se debe comprometer a ir a fondo en la reforma y la transformación del sector, a partir de la generación de propuestas concretas desde la perspectiva institucional, financiera, tecnológica y, sobre todo, de desarrollo económico y social.
Esta reforma debe incluir propuestas concretas en torno a la generación de energías alternativas. A ese sector deben dirigirse los excedentes petroleros. ES urgente hacer de ésta una reforma energética con un claro contenido verde. Pemex y toda la generación de energía deben ser sustentables y viables ambientalmente.
Coincido con buena parte del contenido de la reforma petrolera; sin embargo, parece imprescindible fijar reglas claras de control para evitar la ocurrencia de procesos no regulados que, producto de la falta de precisión en la disposiciones legales específicas, pudieran dar lugar a una distorsión de las bases constitucionales en la materia.
Son benéficas para el saneamiento de Pemex las siguientes medidas incluidas en la propuesta:
- La ampliación de las facultades rectoras y de supervisión de la Secretaría de Energía; - La profesionalización de las instancias técnicas: el fortalecimiento de la Comisión Reguladora de Energía y la creación de la Comisión Reguladora del Petróleo; - La creación de un gobierno colegiado que contempla, entre otros temas, un esquema de rendición de cuentas de cara a la sociedad; - La creación de los “Bonos Ciudadanos”, mediante los cuales el ciudadano promedio podrá acceder a la información sobre la operación de la empresa, a través de su alza o su baja; La precisión de facultades y sanciones específicas sobre la contratación de terceros.
Sin embargo, es necesario avanzar en una visión de carácter integral acerca de este tema. Entre otras cosas, se requiere:
- Garantizar que la totalidad de la renta petrolera vaya al estado mexicano, para lo cual la Secretaría de Energía deberá fijar precios o tarifas en la contratación de terceros; - Eliminar la exclusividad del Ejecutivo en el nombramiento de los titulares de órganos de control, haciendo copartícipe al legislativo; - Establecer de forma clara, precisa y cuantificable los requisitos para los Consejeros de Administración y los Comisarios; - Autonomía de las comisiones, con la concurrencia del Congreso en su designación.
Establecer mecanismo claros de sanción a las violaciones de los dispuesto en materia ambiental.
El reto que enfrenta el país en materia de su industria petrolera es histórico. Ojalá todas las personas involucradas y a la ciudadanía en general participen de la discusión. Las decisiones que se tomen en este sentido implican redefiniciones en todos los terrenos: el ideológico, el social, el político, el económico y el productivo. Para hacerlo de forma responsable y democrática, es tan importante alejarnos de la intolerancia ciega como del simplismo economicista.
Por lo pronto, todo lo que sobre esto se discuta aquí se lo haremos llegar al Congreso de la Unión. Así que pongan su opinión.
Frente a la discusión sobre la recién propuesta reforma energética, cientos de voces se han levantado para externar su opinión. Unas de esas voces han sido informadas y sensatas, otras acusan prudencia frente la propuesta y ofrecen mayor profundidad, algunas otras se concentran en hacer contra propuestas. Mientras otros deciden que, sin tener ni la más vaga idea de los asuntos que incluye la propuesta, la única acción es la reacción y toman decisiones apresuradas y sin el sustento que uno desearía de personas que se suponen como representantes populares. Así un grupo de perredistas se adelantó a sus compañeras y compañeros y se lanzó, al grito de 'no a la privatización' a tomar la tribuna del Congreso de la Unión y pusieron un alto, total y definitivo, a la discusión de cualquier cosa, la que sea. Tomaron la tribuna de, vea usted que contradicción, debates.
Esa es su contra propuesta ante la del gobierno federal: la radicalización con fundamento en la ignorancia. Gritan coléricas y coléricos que no dejaran pasar la privatización, la malvada, oscura privatización. Sin ideas, sin contenido, si capacidad de construcción o de propuesta, sectores del PRD han decidido creer sus propios cuentos y hacer un nuevo espectáculo sustentado, dicen ellos, en la necesidad de un 'debate' nacional. Nos dejan, a millones de mujeres y hombres pasmados ante lo inexplicable y absurdo de las escenas de los 'dignos' que defienden algo que a nadie queda claro que se los quieren quitar. La nación está, al parecer, está pasmada, azorada, ante tanta estridencia sin contenidos claros. Sabemos que odian la propuesta de reforma, pero no tenemos ni la más lejana idea de las razones. Gritan que no dejarán que se venda a PEMEX, y todo el resto de la clase política coincide con ellos y remata: la reforma no propone eso.
¡Debate nacional ahora! – gritan inyectados de ira-. ¿Debate? Hace tiempo que no vemos ninguna capacidad de debate, discusión o reflexión en la izquierda mexicana, mucho menos en esa que –con caciazgos y caudillos- busca apropiarse de espacios políticos sin mediar convicción democrática alguna. Rehenes de sus pasiones y dogmas, aseguran que nos han salvado de la perdición, del albazo. Ninguna prueba fehaciente de ello tenemos, tendríamos que creerles. Si los legisladores que tienen tomada al tribuna se dieran un segundo para ver a su alrededor, verían que el debate nacional ya empezó, que la gente esta platicando, discutiendo y generando opinión. Si se dieran un minuto se percatarían que su posibilidad de aportación está en el contenido, no en la gresca. Escucharían a un país que les demanda ser parte de las decisiones nacionales, y no simples especuladores electorales. Escucharían cuantas voces les piden incidir con una visión ideológica especifica en el resultado de la reforma, les piden cumplir con sus obligaciones de representantes populares, no más. Así legisladoras gritan, legisladores cuelgan mantas, toman posición en su trinchera, preparan absurdos ayunos que los convierten en chiste nacional y dejan al país sin sus aportaciones, reflexiones y criticas a una reforma que sería, sin duda, mucho mejor si participaran todas las voces que existen en el Congreso. La reforma necesita ser vista y ampliada en su contenido por la visión progresista y de izquierda. No sólo por el PRI y el PAN. El PRD ha regalado al PRI una joya: un PAN sin interlocución más que la priista es un PAN atrapado y sometido con el PRI. Mientras los legisladores perredistas sigan pensando que atrás de todo hay una oscura intención, y no demuestren su capacidad para influir activamente en la vida pública nacional, seguirán siendo marginales, unidimensionales, monotemáticos. Eso es lo que las visiones caudillas generan: marginalidad. Ni modo, ahí seguirán atrapados en la ausencia de ideas, en la reacción y el atraso. Algún día valdría la pena saber que opina esa gente de esta propuesta. Pero con lo que hacen no se inicia un debate, se dilapida. Yo aun no sé si estoy con la reforma, contra la reforma o en medio. No la he terminado de conocer, sigo leyendo algunos apartados y la sigo platicando con todo quien se deja. Me parece que nadie tiene derecho a detener el debate sobre la reforma y menos con acciones tan cuestionadas en la visión democrática a la que aspiramos.
Es probable que en nuestro país no recordemos con cabalidad esto, pero los sindicatos surgieron por una buena causa y sus huelgas fueron —en muchos casos— la semilla de transformaciones profundas en nuestro territorio y en todo el mundo. Algunas de las revoluciones políticas y culturales más importantes han surgido de los movimientos obreros y en muchos casos sindicales. Los sindicatos deben ser una parte integral de la vida de una sociedad y de la defensa de su clase trabajadora. Deben ser promotores de buenas condiciones de trabajo, así como constructores de una clase trabajadora más competente, mejor preparada, más útil. Las huelgas, como último recurso, deben buscar romper un esquema de injusticia y recolocar al trabajador en el centro de la discusión. Las huelgas deben de traer claridades a la parte patronal y mejores condiciones a las mujeres y hombres trabajadores. Las huelgas deben ser útiles para la gente, ofrecer algún beneficio, servir en algo. Los sindicatos también. Sin embargo, de eso escuchamos poco en México y cuando atestiguamos casos tan profundamente dramáticos y lamentables como el de la recién terminada huelga de la UAM, se vuelve difícil pensar que las instituciones sometidas al pensamiento dogmático y radical de unos cuantos, sirven, funcionan. A saber: Hace 65 días, el SITUAM —Sindicato Independiente de Trabajadores de la Universidad Autónoma Metropolitana— inició una huelga para conseguir mejores condiciones salariales para sus agremiados. Nunca imaginaron que se convertiría en la huelga más larga en la historia de esta excelsa universidad y, al mismo tiempo, una de las más inútiles. Cuarenta y cinco mil alumnos y tres mil docentes vieron suspendidas sus actividades frente a la ferviente convicción de un sindicato, que parecía tener muy claro que buscaba. Sólo parecía. Sin embargo, al paso de los días y de las negociaciones, el propio sindicato se fue hundiendo en las fangosas aguas del radicalismo de unos cuantos que creen saber el destino final de todo y que asumen que es preferible luchar sin sentido que ganar algo. Los grupos radicales —en una peculiar similitud con lo que sucedió en el CGH de la UNAM— se fueron apropiando por la vía de la intimidación y la exacerbación de ánimos —de la violencia verbal y en algunos pocos casos física— de los esquemas de toma de decisión y fue imponiendo una agenda incomprensible y repleta de negaciones inexplicables. Cada vez que la autoridad universitaria hacía una nueva propuesta mejorando las condiciones anteriores, los radicales construían la idea de que esta era una señal de éxito, que no había que ceder e ir por más. Siempre por más. Las posturas razonables fueron catalogadas —como siempre sucede— de entreguistas, de compradas, de carentes de convicción, y por ende, aplastadas y humilladas. Así vimos como una huelga que pudo haber ganado mucho en unos días, al alargarse en su soberbia y su dogmatismo, fue perdiendo terreno y endureciendo a su adversario que, al ver la irracionalidad, echó por tierra sus concesiones. Hace dos días se decidió levantar la huelga, aceptando la propuesta inicial de la rectoría y perdiendo la mitad de los sueldos caídos. En cualquier sentido, esta huelga ganó nada y perdió un mes de sueldo a todos sus agremiados. Un fracaso rotundo y una demostración de que el éxito está asociado con la gente, no con los dogmas de algunos. Hoy el SITUAM termina con una imagen de derrota, de soberbia. Pero lo más grave es que ésta que debe ser una herramienta institucional para proteger a los trabajadores, terminó siendo todo lo contrario. Esta es una muestra de lo que —combinadamente— pueden lograr la soberbia, el radicalismo y la falta de objetivos concretos. Para reconstruir la confianza de los agremiados hacia su sindicato, de la sociedad hacia los movimientos legítimos de resistencia de la clase trabajadora, para recolocar la posibilidad de tener estructuras gremiales justas, probas, legales y que seriamente coloquen a la gente en el centro de sus demandas, se requerirá de una transformación amplia de la normatividad laboral. Hoy los sindicatos son estructuras más opacas que los partidos políticos, sus esquemas son antidemocráticos, represivos y abusan de los recursos. Hoy los sindicatos no están sujetos más que a antiguas normas que lejos de regularles, les permiten estar en plena impunidad. La reforma laboral y sindical es parte fundamental del avance democrático para México. Con sindicatos que parecen más estructuras mafiosas, la clase trabajadora seguirá en la indefensión.